miércoles, 13 de julio de 2016

Estimados amigos:


            Queremos presentarles el libro: “El Camino del corazón” -10 días en un monasterio-, que la editorial CCS ha publicado en su colección Shalóm, y cuyos autores son: Ernestina Álvarez Tejerina, monja benedictina de Santa María de Carbajal, y su hermano, Pedro. Es su décimo libro.  
            El texto quiere ser una ayuda para los buscadores que se acercan a los monasterios atraídos por la música callada de sus moradores. A los largo de diez días, diez capítulos, se esbozan pinceladas de lo que es la vida cotidiana en un cenobio benedictino, para proporcionar pistas a los huéspedes de lo que están o pueden llegar a vivir.
            Tenemos la suerte de contar en el relato con una doble visión, la del huésped que acude, quizás por primera vez a una hospedería monástica, y la del monje que le acoge y dialoga ampliamente con él.
            El protagonista del libro se siente saturado de conceptos, palabras, pensamientos…, quiere parar, empezare a quitar, pero ¿cómo?, ¿dónde? Toma la valiente decisión de ir  unos días a un monasterio.
            —¿Puedo pasar unos días en la hospedería? – pregunta.    
            —Por supuesto… -contesta el monje. Nuestra misión es la acogida a los huéspedes como si fueran Cristo peregrino.
            Para muchos será difícil entender esta aventura. ¿Qué vas a hacer allí tú solo? ¿Tan mal te encuentras? ¿No sería mejor que fueras a la playa, un SPA, o a un macro concierto…?
            Lo que sucede al seguir la jornada monástica durante unos días es difícil de explicar, hay que vivirlo. No obstante, los autores quieren anticipar algún olor, color, sabor, de ella. Una advertencia, es una experiencia paradójica: se asciende bajando, menos es más y la meta es la simplicidad.
            Durante la estancia se puede pasar por diferentes estados, se suele llegar estresado, angustiado, y se termina, experimentando cierta unificación en torno al ser. Las vivencias más frecuentes y por las que los autores ayudan a transitar son muy variadas: la lectio divina y la liturgia, otras formas de conocer además de la racional, la meditación y la contemplación, la importancia de la atención, la consciencia, otras dimensiones del tiempo, el trabajo, la energía, la trasformación integral de la persona...
            La estancia temporal en los monasterios tendría que ser más frecuente en la vida de los cristianos. Monjes y laicos juntos bajo la sombra de protección de la espiritualidad benedictina, viviendo el “arquetipo monástico”, la búsqueda de lo esencial y la simplicidad, que todo ser humano poseemos.
            La Iglesia declara que la experiencia monástica es puente para el encuentro de las religiones. En la medida en que nuestra búsqueda es más radical, es más sencillo el compartir experiencias con los auténticos buscadores de las otras tradiciones. Por ello los autores han introducido textos y experiencias de grandes santos de otras religiones. “Tanto más lejos podemos llegar cuanto más honda sea nuestra experiencia de Dios”.
           
              
            Ernestina Álvarez, monja benedictina del monasterio de Santa María de Carbajal de León, es doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de Salamanca.
            Pedro Álvarez, licenciado en Derecho por la Universidad Au­tónoma de Madrid, desarrolla su actividad profesional como funcionario.ciones religiosas. de vida monástica y contemplativa.

sábado, 1 de agosto de 2015

ORACIÓN

“Jesús, mi Dios, mi redentor, mi amigo, mi íntimo amigo, mi corazón, mi cariño: Aquí vengo, para decirte desde lo más profundo de mi corazón y con la mayor sinceridad y afecto de que soy capaz, que no hay nada en el mundo que me atraiga, sino tú sólo, Jesús mío. No quiero las cosas del mundo. No quiero consolarme con las criaturas. Sólo quiero vaciarme de todo y de mí mismo, para amarte sólo a ti..
Para ti, Señor, todo mi corazón, todos sus afectos, todos sus cariños, todas sus delicadezas. ¡Oh Señor!, no me canso de repetirte: Nada quiero sino tu amor y tu confianza. Te prometo, te juro, Señor, escuchar siempre tus inspiraciones, vivir tu misma vida. Háblame muy frecuentemente en el fondo del alma y exígeme mucho, que te juro por tu corazón hacer siempre lo que tú deseas, por mínimo o costoso que sea. ¿Cómo voy a poder negarte algo, si el único consuelo de mi corazón es esperar que caiga una palabra de tus labios, para satisfacer tus gustos? Señor, mira mi miseria, mi debilidad. Mátame antes de que te niegue algo que tú quieras de mí. ¡Señor, por Madre! ¡Señor por tus almas! Dame esa gracia…[26]
….
[26] Recogida por Fernando García Gutiérrez, SJ, El padre Arrupe en Japón, Sevilla 1992. Este libro reproduce doce oraciones en su mayoría conocidas del padre Arrupe



miércoles, 22 de julio de 2015

La fraternidad en el Monasterio

La fraternidad es un sentimiento natural que lleva a una relación que crea vínculos de afecto y amistad con los semejantes. Mas la fraternidad no tiene sus límites en la mera filantropía.
            Jesús nos reveló nuevas dimensiones que nos permiten comprender los vínculos de hermandad que Dios ha querido para sus hijos, los hombres.
            Jesús insiste en la fraternidad entre todos; lo expresó gráficamente en la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37).
            ¿Cuál es su fundamento?  El amor que Dios tiene a cada persona: “El primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres. Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ése, y dice así: Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo” (cf Mt 22,36-40). El amor al hermano es la respuesta al amor de Dios. El amor a Dios ilumina y purifica la fraternidad. Ésta es la manifestación comunitaria de ese amor y el criterio para discernir su autenticidad.


            La fraternidad encuentra su expresión en las comunidades primitivas cristianas: comunión de corazones y bienes. La fraternidad se fue condensando de manera particular en la vida de los monjes. La espiritualidad del monaquismo se resumía en una fórmula: los monjes viven la vida apostólica, es decir, vida a semejanza de los apóstoles y de la primitiva comunidad de Jerusalén.
            En la tradición monástica, la fraternidad encuentra en el abad a un padre común que coordina la vida de los monjes de modo que los fuertes se sientan estimulados a dar más y los débiles no se retraigan ni se desanimen.
¿Tiene algo especial que decirnos acerca de ello la vida monástica benedictina? Nuestra vida es cenobítica, señalada fuertemente por una unión fraterna y comunitaria. San Benito nos delinea en el capítulo 72 de su Regla el trato que debe caracterizar la convivencia de sus monjes:
            -Adelántense para honrarse unos a otros (v 4).
            -Tolérense con suma paciencia sus debilidades ((v 5)
            -Obedézcanse unos a otros a porfía (v 6).
            -Nadie busque lo que le parece útil para sí, sino más bien para el otro (v 7).
            -Practiquen la caridad fraterna constantemente (v 8).
            -Teman a Dios con amor (v 9).
            -Amen a su abad con una caridad sincera y humilde.
            -Nada absolutamente antepongan a Cristo (v 11).
            En la vida fraterna radica el principal testimonio puesto que es la forma de hacer presente la salvación de Jesucristo que posibilita la comunión fraterna entre los hombres; y ésta es la más alta vocación del hombre: entrar en comunión con Dios y con los otros hombres, sus hermanos.
            Además, la paz y el gozo de estar juntos es uno de los signos del Reino de Dios. La alegría de vivir, aún en medio de las dificultades en el camino humano y espiritual, forma parte del Reino. Esta alegría es fruto del Espíritu. Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga. Sus miembros buscarán en otra parte lo que no pueden encontrar en casa. Una fraternidad donde abunda la alegría es un verdadero don de lo alto cumpliéndose por ello las palabras del salmo: “Ved que qué delicia y qué hermosura es vivir los hermanos unidos” 

sábado, 18 de julio de 2015

Familia Monástica

El pasado 16 de Julio celebramos en el Monasterio el Santo de Nuestra Madre Abadesa, Madre Carmen. Gran día para todas las monjas de acción de gracias por su labor como cabeza de la Comunidad...y gran día de compartir fraterno.


Nos dice San Benito en la Regla de los monjes que el Abad hace las veces de Cristo en el Monasterio. El Abad es transmisor de la voluntad de Dios, maestro para los monjes de la palabra y del silencio y mediador del amor de Dios.

Gracias Madre por su labor.