sábado, 21 de abril de 2012

Tercer Domingo de Pascua






¿Tenéis algo qué comer? A los de Emaús, y a los discípulos, atormentados, temerosos o llenos de dudas, Jesús se les apareció para fortalecerles y abrirles los ojos en aquello que tanto insistió antes de su pasión y muerte: la resurrección.

Sus visiones posteriores, especialmente en la fracción del pan, no pretendieron otra cosa sino darles muestras de que El era en persona. Que todo lo anunciado se cumplía. Que, aquel Señor que había compartido confidencias y paseos, sufrimientos y alegrías, se presentaba en medio ofreciéndoles lo que el mundo no da: paz.

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